Ayuntamiento de las Rozas de Valdearroyo

Historia

El territorio de este municipio resulta de la suma de 6 de los 17 concejos de la antigua Hermandad de Campoo de Yuso, una de las de la Merindad de Campoo. No existe constancia a través de registro arqueológico de la ocupación de este lugar en los periodos anteriores a la Alta Edad Media, una época de la que datan los más antiguos vestigios, como la necrópolis altomedieval de tumbas olerdolanas de la localidad de Arroyo. No obstante, en las proximidades se ubica Julióbriga y restos de una de las antiguas vías de comunicación que enlazaba la ciudad romana con la costa cantábrica, que quedará sepultado bajo el Embalse del Ebro.


Tal y como sucedió en los demás territorios de la comarca, la población comenzó a organizarse en la Alta Edad Media en torno a pequeñas iglesias y monasterios. De ellos han llegado antiguas menciones, como el caso de Bustasur, cuya iglesia románica aparece datada en el año 1112. Esta fecha resulta significativa para situar cronológicamente el románico montañés que, en Cantabria, se continúa en Cervatos y San Martín de Elines.


Todos los lugares de la zona sur de esta comarca sufrieron un proceso singular en cuanto a la dependencia señorial. Desde antiguo, sus habitantes pudieron elegir a su señor, el linaje iniciado por Juan Rodríguez de Villegas.


No obstante, los concejos de behetría consiguieron superar los intentos señorializadores de aquellos a quienes se encomendaban, o a los que los reyes cedieron los derechos de recaudación, de modo que en el siglo XV, cuando se constituyó la Hermandad de Campoo de Yuso, seguían siendo de realengo.


El municipio vivió una temprana industrialización de la mano de la minería y la industria del vidrio. A finales del siglo XVIII se descubrió en Las Rozas de Valdearroyo una mina de lignito que, sin embargo, sólo resultaba rentable sobre la base de su utilización in situ, por lo que se optó por instalar un horno para la obtención de hierro, un proyecto que en 1844 fue sustituido por el de una fábrica de vidrio plano instalada bajo la denominación de La Luisiana, en la confluencia del río Virga con el Ebro. Esta factoría se asentó sobre las materias primas locales: arenas, calizas y lignito.


Dicha fábrica, que albergó varios hornos de fundición de crisoles y de aplanar, además de 35 viviendas para los trabajadores, quedó prácticamente cerrada hacia 1860, momento en el que fue arrendada por un nuevo dueño que amplió su capacidad productiva abriendo dos nuevas factorías: La Cantábrica, en Arroyo de Valdearroyo, y Santa Clara, en Reinosa. De este modo, Campoo se convirtió en el principal complejo vidriero nacional con la tercera parte del vidrio plano. Sin embargo, los problemas de mercado y los altos costes de fabricación ocasionaron múltiples problemas desde 1891. A ello se unió la inclusión de La Luisiana en el área anegable del entonces proyectado embalse del Ebro, lo que concluyó con el cierre definitivo de esta industria en 1913.


También en los siglos XVIII y XIX la actividad económica se vio marcada por la explotación de carbón mineral y lignito en las minas de Las Rozas y por la instalación en Bustasur de una ferrería, La Pendía, a comienzos del siglo XVIII, en la que se elaboraba hierro dulce (mezcla de hierro y carbón vegetal), cuya producción decayó durante los años cuarenta del siglo XIX.


A través de los diputados de la Hermandad de Campoo de Yuso, Las Rozas de Valdearroyo participó en el gobierno del territorio y asistió a las juntas generales de la Merindad de Campoo. Con la llegada del régimen constitucional (1822), Las Rozas fue incorporado a la provincia de Santander.
En 1835 se instituyó un ayuntamiento con toda la hermandad que se denominó Campoo de Yuso, del que Las Rozas de Valdearroyo fue segregado en el año 1890 como municipio autónomo, que siempre ha permanecido adscrito al partido judicial de Reinosa.